Comienza el viaje

Imagen3“Tengo que ver a los payadores”. En el momento que apareció esta idea en mi cabeza, no sabía todo lo que sucedería después.

Hacía tiempo que trabajaba en un proyecto para chicos, relacionado con el folklore de la Argentina y pensé que era vital reencontrarme con muchas de esas músicas. Tenía que volver a salir y andar los caminos. El primer destino que elegí tenía como protagonistas a los payadores.

Así comenzó esta aventura.

Quedé fascinado por este arte. Si uno tuviera la posibilidad de ver cómo un pintor traza en el lienzo vacío sus primeras impresiones, sentiría la emoción de ser parte de un hecho único e irrepetible. El vértigo de la obra creándose, con ideas preconcebidas pero con el porvenir siempre lleno de certezas e incertidumbres.

Eso me ocurrió la primera vez que escuché detenidamente a los payadores. Fue en el Festival Santosvegano en San Clemente del Tuyú. Para los que somos de por acá nomás, (porteños o bonaerenses) la payada de alguna manera está grabada en nuestro inconsciente. De hecho, si uno escucha una guitarra y suena una milonga, es inevitable traer a la memoria algún verso del Martin Fierro“Los hermanos sean unidos…”Lo impactante es que ellos improvisaban esos versos y podían pasar del humor al pensamiento más profundo sin ningún inconveniente.

Yo conocía la estructura de la décima (esa estrofa que une a tantos pueblos que cultivan el canto improvisado) y la milonga como forma musical, pero esa vez  me sentí parte de algo que nacía y moría en el momento, un pensamiento, un sentir.

Volví de esa primera experiencia con muchas preguntas. “Esto recién empieza…” pensé.

A partir de ese día pude verlos en diferentes encuentros, conversar con ellos y entrevistarlos para ir conociendo de primera mano este arte de la payada, que desde hace tanto tiempo le pone voz nuestra propia historia.

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