De la cifra a la milonga

La milonga es el ADN musical del Río de la Plata y de la región pampeana. Ligada intimamente a la payada, es la forma musical por excelencia que se utiliza para los contrapuntos. Si bien los payadores utilizan también (en menor medida) otras métricas y ritmos, no cabe duda que la milonga tiene una presencia hegemónica.

Pero en los orígenes del verso improvisado en esta región, la cifra fue el rìtmo que se usó para acompañar este canto. Con un “sabor andaluz” donde se alterna el toque de la guitarra y el canto, el rasgueo de la cuerdas es el que predomina como acompañamiento. Fue a partir de Gabino Ezeiza (en 1884 y aquella payada con Nemesio Trejo), que la milonga se convirtió en la forma musical predominante para la improvisación de los payadores.

El payador David Tokar lo ejemplifica claramente en una parte de la entrevista que me brindó en la “Casa del Payador” de San Vicente.

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En Avellaneda, con el gran José Curbelo

Cuando me subí al auto y pegué la vuelta con la entrevista grabada, tenía la emoción de un chico. La charla que tuve con José Silvio Curbelo en su casa de Avellaneda son de esas cosas que uno siente que no va a olvidar jamás. Un grande, referente y maestro para los payadores, y un ejemplo de humildad y sabiduría. La dedicatoria de la postal, en la que se lo ve junto con Roberto Ayrala es un testimonio de aquel encuentro inolvidable.

Estas décimas de su autoría eligió para el cierre de la entrevista.

Demos valor a las cosas
que en nuestro andar han quedado
y que el tiempo ha respetado
sean alegres o penosas.
Las espinas y las rosas
que la memoria renueva
si ello sucede dan prueba
que el alma las resucita
lo demás es cascarita
que cualquier viento se lleva.

La vida no es un papel
con una cuenta corriente
ni la riqueza aparente
ni el lujo, ni el oropel
ni el hilo del carretel
que nos baja o nos eleva
ni la fama aunque conmueva
nuestra vanidad marchita
eso es pura cascarita
que cualquier viento se lleva.

No es el titulo pomposo
lo que hace a un hombre importante
si no el obrar cada instante
con ademán generoso.
Ni es el palacio lujoso
cuando un hermano en su cueva
frente al dolor se subleva
quien se haga el sordo a su cuita
pasará a ser cascarita
que cualquier viento se lleva.

Confundimos los humanos
por natural arrogancia
la verdadera importancia
con deslumbramientos vanos.
Podremos juntar las manos
haciendo una historia nueva
siempre que el amor nos mueva
con su potencia infinita
lo demás es cascarita
que cualquier viento se lleva.

“A estos versos yo los quiero…” me dijo.

 

Los maestros payadores

En aquel Encuentro Santosvegano, dos noches muy frías de verano en San Clemente del Tuyú, me propuse hablar y entrevistar brevemente a algunos payadores. Los escuchaba arriba del escenario pero sentía que el viaje valdría la pena si podía charlar con alguno de ellos, aunque sea un rato. Quería saber un poco más sobre lo que hacían. Uno de los primeros payadores con los que hablé fue Pablo Díaz, payador de Las Flores, que muy amablemente me contó sobre la milonga, tan ligada a la llanura y al galope del caballo, pero también a su herencia de tambores. Para sintetizarlo me compartió una cuarteta de Facundo Cabral: “La milonga es campo abierto/por donde el hombre camina/más que una forma de canto/es una forma de vida.”

Pablo además de payador es dibujante y ejerce la docencia desde hace tiempo. Para mi sorpresa, esa noche se subía al escenario junto con Susana Repetto, la maestra payadora.

Susana también fue sumamente amable. Me contó que es de Dolores, y cómo el ser payadora (arte que desde muy niña cultiva) se ponía de manifiesto también dentro del aula cuando siendo docente, su profesión de toda la vida, usaba el verso improvisado como herramienta para trasmitirles enseñanzas a sus alumnos.

Acá va un fragmento de la payada de aquella fría noche, en el que trenzaron versos Pablo Diaz y Susana Repetto, dos maestros payadores.